Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de julio, 2020

La casa de Asterión

La casa de Asterión Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión .     APOLODORO, Biblioteca, III, 1   Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)* están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida).   Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noch...

Círculo de los sueños

Círculo de los sueños Esa noche tuvo una extraña pesadilla. Sueña que se encuentra en una casa vacía y silenciosa velando a su hijo asesinado. Oye un retumbar de golpes contra el portón y tres soldados irrumpen en la estancia. Cada uno le apunta con un fusil. Se deja llevar al exterior sin pronunciar palabra. El aire de la noche le azota el rostro. En la oscuridad puede percibir el resplandor de las estrellas sobre el perfil siniestro de algunos árboles. De pronto le gritan algo y se detiene. Lo colocan contra un grueso tronco de anacahuita. Sabe que también a él le ha tocado el turno de morir. Siente el rastrillar de las armas y cierra los ojos en espera de la descarga, que al fin se produce. Entonces despierta y mira lleno de asombro a su alrededor. Se encuentra en una casa vacía y silenciosa velando a su hijo asesinado. Oye un retumbar de golpes contra el portón… ___________________________________________________________________________ Manuel Antonio Rueda (1921-1999) ...

Fray Baltasar

Fray Baltasar a Margarita de la Peña Fray Baltasar estaba perplejo ante su pupitre, en el scriptorium del monasterio. Hora tras hora, había querido reproducir sobre el estirado trozo de vitela que tenía delante, aquellas iluminaciones que adornaban sus breviarios y misales y le proporcionaran renombre artístico. No hacía un año que terminara un Libro de horas para la reina de Francia, que fue asombro de aquella Corte, y ahora, ¡no podía trazar la más insignificante florecilla! ¡Él, que había logrado pintar dentro de la inicial de Stabat Mater el rostro de la Madre de Dios, con tanto primor y arte, que se veían rodar las lágrimas por las mejillas de la Dolorosa! ¡Él, que había orlado los versículos del Magníficat con follajes y roleos inconcebiblemente diminutos! Una y mil veces ensayó de nuevo, mas nada pudo lograr. Con un hondo suspiro, se dispuso a guardar sus péñolas, pinturas y pinceles, y en ...