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Mostrando entradas de 2021

Los largos años

  Los largos años Cada vez que el viento se levantaba en el cielo, el señor Hathaway y su reducida familia se quedaban en la casa de piedra y se calentaban las manos al fuego de leña. El viento agitaba las aguas del canal y casi barría las estrellas del cielo, pero el señor Hathaway conversaba tranquilamente con su mujer, y su mujer replicaba, y luego hablaba con sus dos hijas y su hijo de los días pasados en la Tierra, y todos le contestaban adecuadamente. La Gran Guerra tenía ya veinte años. El planeta Marte era una tumba. Hathaway y su familia, en las largas noches marcianas, se preguntaban a menudo, en silencio, si la Tierra sería todavía la misma. Esa noche se había desatado sobre los cementerios de Marte una de esas polvorientas tormentas marcianas, y había soplado sobre las antiguas ciudades, y había arrancado las paredes de material plástico del pueblo norteamericano más reciente, un pueblo abandonado y que ya se fundía con la arena. La tormenta amainó. Hathaway salió de la...

Un Azar de sentimientos

    Un Azar de Sentimientos Bastante difícil es contener mi orgullo al mirarte, como si fueses algo necesario, sin el cual no podría vivir. Abrazar tus ojos, por miedo a perder la calidez que me provoca tu mirada, como si ardiera aun estando en invierno. Montañas vislumbradas ante la esperanza que evoca tu recuerdo, a la espera de una señal, mínima e inconsciente. Aquella espontaneidad que te caracteriza hizo que confiara en tus palabras, las que hoy me tienen al borde de un mar de sentimientos. Hojas pálidas del otoño, denotan el cese de las alegrías que antes habitaban a mi alrededor, como si tu partida matase poco a poco lo bello de mi interior.  Esto ya me lo esperaba, estaba escrito desde un principio, de que me alejaría de ti, aún en contra de mi voluntad, estaba destinada a ello. Ciertamente fui más inocente de lo debido, al enfrentarme con ojos cerrados a esta situación tan complicada, una pelea entre lo que quiero y lo que debo. Escapar con un afán único de liber...

CASA TOMADA

  CASA TOMADA Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.  Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a la siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuaren...

Un Ardid

     Un Ardid El médico y la enferma charlaban al lado del fuego que ardía en la chimenea. La enfermedad de Julia no era grave; era una de esas ligeras molestias que aquejan frecuentemente a las mujeres bonitas: un poco de anemia, nervios y algo de esa fatiga que sienten los recién casados al fin de su primer mes de unión, cuando ambos son jóvenes, enamorados y ardientes. Estaba media acostada en su chaise-longue y decía: -No, doctor; yo no comprendo ni comprenderé jamás que una mujer engañe a su marido. ¡Admito que no lo quiera, que no tenga en cuenta sus promesas, sus juramentos!… Pero, ¿cómo osar entregarse a otro hombre? ¿Cómo ocultar eso a los ojos del mundo? ¿Cómo es posible amar en la mentira y en la traición? El médico contestó sonriendo: -En cuanto a eso, es bien fácil. Crea usted que no se piensa en nada de eso; que esas reflexiones no se le ocurren a la mujer que se propone engañar a su marido. Es más: estoy seguro de que una mujer no está prep...