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EL COSTURERO


El costurero


Erase una vez una aguja que le dijo a un ovillo de hilo:

- ¿Por qué esta usted con ese aire, todo lleno de sí mismo, todo enrollado? ¿Acaso es para fingir que vale alguna cosa en este mundo?
- Déjeme, señora.
- ¿Que lo deje? ¿ Que lo deje, por qué? ¿Porque le digo que está con una actitud insoportable? Le repito que sí y hablaré siempre que me dé en la cabeza.
- ¿Qué cabeza, señora? Usted no es alfiler, es aguja. Las agujas no tienen cabeza. ¿Qué le importa mí actitud? Cada cual tiene el aire que Dios le dio. Ocúpese con su vida y deje en paz a los demás.
- Pero, usted es muy orgulloso.
- Es cierto, lo soy.
- ¿Por qué?
- ¡Buena pregunta! Porque coso. Acaso los vestidos y adornos de nuestra ama, ¿quién los cose, sino yo?
- ¿Usted? Ésta sí que está mejor. ¿Usted es el que los cose? ¿Acaso ignora que quien los cose soy yo, justamente yo?
- Usted perfora el paño, nada más; yo soy el que coso, uno uno pedazo al otro, doy realce a los volados...
- Sí, ¿pero de qué vale eso? Yo soy la que perfora el paño, voy delante, arrastrándolo a usted, que viene atrás obedeciendo a lo que yo hago y mando...
- También los batidores van delante del emperador.
- ¿Usted es emperador?
- No digo eso. Pero la verdad es que usted juega un papel subalterno, yendo delante; va sólo mostrando el camino, va haciendo el trabajo sucio e ínfimo. Yo soy el que uno, ligo, empalmo...

Estaban en esto, cuando la costurera llegó a la casa de la baronesa. No sé si dije que esto ocurría en casa de una baronesa, que tenía la modista al pie de si, para no tener que andar buscándola cuando la necesitaba. Llegó la costurera, tomo la tela, tomó la aguja, tomó el hilo, enhebró el hilo en la aguja, y comenzó a coser. Hebra y aguja iban andando orgullosas, por la tela hacia dentro, se trataba de la mejor de las sedas, entre los dedos de la costurera -ágiles como los galgos de Diana-, para dar a esto un calor poético. Y decía la aguja: 

- Entonces, señor hilo, ¿Aún se empeña en lo que decía hace poco? No se da cuenta que esta distinguida costurera sólo se preocupa por mí; yo soy la que voy aquí entre los dedos de ella, pegadita a ellos, perforando abajo y arriba...

El hilo no respondía; iba andando. Cada espacio abierto por la aguja era de inmediato ocupado por él, silencioso y activo, como quien sabe lo que hace, y no está para oír palabras necias. La aguja, viendo que éste no le daba respuesta, guardó silencio también, y siguió andando. Y todo era silencio en la salita de costura; no se oía más que el plic-plic-plic-plic de la aguja en la tela. Cayendo el sol, la costurera dobló la costura, para continuar el siguiente día. Continuó en éste y en el siguiente, hasta que en el cuarto día acabó la obra, y se quedó aguardando la llegada del baile.

Vino la noche del baile, y la baronesa se preparó. La costurera, que la ayudó a vestirse, llevaba la aguja prendida en el corpiño, para dar alguna puntada si fuese necesario. Y mientras componía el vestido de la bella dama, y estiraba un lado u otro, recogía de aquí o de allí, alisando, abotonando, abrochando; el hilo para mofarse de la aguja, le preguntó:
- Bueno, ahora, dígame, ¿Quién es el que va al baile, en el cuerpo de la baronesa, haciendo parte del vestido y de la elegancia? ¿Quién es el que va a bailar con ministros y diplomáticos, mientras usted vuelve a la cajita de la costurera, antes de ir para el cesto de las mucamas? Vamos, Dígalo.

Parece que la aguja no dijo nada; pero un alfiler, de cabeza grande y no menos experiencia, le susurró a la pobre aguja:

- Vamos, aprende, tonta. Te cansas abriéndole camino a él y él es quien va a gozar de la vida, mientras tanto tú te quedas ahí en la cajita de la costurera. Haz como yo, que no le abro camino a nadie. donde me clavan, ahí me quedo.

Le conté esta historia a un profesor melancólico, que me dijo, balanceando la cabeza:

- ¡También yo he servido de aguja a mucho hilo ordinario!




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Joaquim María Machado de Assís

(1839-1908)




Espero que el cuento de ésta noche te haya gustado, recuerda que “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído” (Borges, J). Ciertamente éste autor nos ha dado qué pensar con éste final. Disfruta leyendo más cuentos ésta noche, así que ¡No duermas, sin antes leer un cuento!

Linda noche.

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